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¿Quién fue la primera mujer cirujana de la Historia?

La cirugía es una actividad casi tan antigua como la Humanidad, por tanto es difícil probar quienes empezaron a practicarla y saber cuántos eran hombres y cuántas mujeres.

Muchas mujeres tenían que hacerse pasar por hombres para poder obtener las titulaciones requeridas para poder realizar las intervenciones quirúrgicas.

Con el paso de los años se ha equiparado en gran medida el número de mujeres que ejercen la cirugía con el de hombres.

Es muy difícil probar quién fue la primera mujer que ejerció como cirujana en la Historia, ya que puede que no se tengan datos concretos o puede que pasara desapercibida, ya que no era extraño que las mujeres se hicieran pasar por hombres para poder ejercer determinado tipo de profesiones.

Otra cuestión por la que sería difícil decir quién fue la primera mujer cirujana de la Historia es porque antiguamente los médicos hacían de todo, no estaban especializados en función de la actividad médica concreta que desarrollaran. Por tanto, podemos tener noticia de mujeres que ejercieron la Medicina, pero tampoco podemos saber exactamente si las labores exactas que realizaban dentro de sus funciones eran las de cirugía o eran otras.




En la Antigüedad

En el Antiguo Egipto ya hay documentos que demuestran que la mujer participaba en las primitivas cirugías que se realizaban en aquella época. También hay documentos que sugieren que lo mismo podía suceder en la antigua Roma y en la antigua Grecia, siendo todo esto no sólo un indicativo de que las intervenciones quirúrgicas se llevan realizando desde tiempos inmmemoriales, sino que la mujer también tenía un papel en esta actividad.

Ya en la Edad Media, la actividad de las mujeres se restringió en numerosos aspectos y uno de ellos fue en el tema de ejercer la Medicina, siéndole directamente prohibida debido a que se consideraba que no podían reunir las cualidades necesarias para ejercer como médicos en prácticamente ninguna de sus labores, entre ellas la cirugía. La mujer estaba destinada a las labores del hogar, bien en su propio hogar o bien sirviendo en los hogares de las familias adineradas.

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A pesar de ello, ya durante los siglos XIV y XV, era posible que la viuda de un médico asumiera alguna de las prácticas que éste realizaba, pues ella necesitaba ganar dinero para sobrevivir y la gente que los conocía presuponían que había aprendido gran parte del oficio de su marido.




Elena de Céspedes

El primer dato concreto que se tiene sobre una mujer en particular que ejerciera de cirujana es el caso de Elena de Céspedes.

Elena de Céspedes nació sobre el año 1546 en Alhama de Granada, era hija de una esclava de origen árabe y del amo de ésta.

Durante su infancia, Elena de Céspedes comenzó a trabajar como tejedora. Era una persona muy inquieta, que viajó mucho por las ciudades de la zona, hasta que empezó a vestirse de hombre y comenzó a trabajar como pastor. Su espíritu inquieto la llevó a alistarse en la Compañia de Don Luis Ponce e ir a la guerra para combatir las revueltas de los moriscos.

Al volver de la guerra comenzó a trabajar como sastre en Madrid y entabló amistad con un cirujano, quien le empezó a enseñar sobre cirugía. Elena de Céspedes acabó ejerciendo como cirujana haciéndose pasar por hombre y consiguiendo la licencia de cirujano en Cuenca. Fue la primera mujer que pudo ejercer como cirujana con una licencia, pero no lo hizo como mujer, ya que se estaba haciendo pasar por hombre.

Algunos años después, Elena de Céspedes se casó con una mujer y, cuando se descubrió que en realidad era una mujer,  terminó siendo castigada por el Tribunal de la Inquisición a recibir 200 azotes y a servir durante años en centros hospitalarios por haberse casado con otra mujer y por haber fingido ser un hombre para poder ejercer la Medicina.

María Petrocini Ferretti

María Petrocini Ferretti fue una mujer que vivió en Italia a mediados finales del siglo XVIII. Aprendió cirugía trabajando con su marido y como vio que se le daba realmente bien, decidió pedir un permiso oficial para examinarse y obtener un título que le permitiera ejercer la medicina al Colegio Médico Florentino.

El permiso que María pidió le fue denegado, ya que se concluyó que una mujer no podría reunir las características y cualidades básicas para un cirujano (“mano firme y audacia”). Ferretti escribió pidiendo ayuda al Gran Duque Pietro Leopoldi, quien realizó un decreto en 1788 para que Ferreti pudiera examinarse. La mujer aprobó el examen y, tras aceptar las disposiciones de prácticas del Colegio de Cirujanos, ejerció como cirujana en Italia hasta que murió pocos años después, en 1791, con solo 32 años.

Siguiendo el camino que su madre había dejado abierto, su hija Zaffira se licenció en Medicina siendo muy joven y comenzó a practicar la cirugía una década después de que su madre muriera.

María Ferretti fue una mujer que ayudó mucho a ir abriendo el camino de las mujeres para ser cirujanas, después de ella muchas otras mujeres comenzaron a interesarse por la Medicina e intentaron obtener licencias para ejercerla. Poco a poco se fue mejorando la aceptación de las mujeres en estos campos, pero sin duda debía haber una pionera que abriera el camino.

Siglo XIX y actualidad

Durante el siglo XIX fue muy común que las mujeres se hicieran pasar por hombres para poder ejercer la Medicina, uno de los primeros ejemplos es el de James Barry, que en realidad era Margaret Ann Bulkley, que fue recordada por realizar una de las primeras cesáreas exitosas de las que se tienen datos.

A partir de principios del siglo XX en muchos lugares ya no era necesario hacerse pasar por hombre para poder ejercer la Medicina, aunque por normal general se consideraba a las mujeres como menos profesionales o cualificadas para ejercer la Medicina, por lo que muchas de ellas seguían haciéndose pasar por hombres para obtener determinado reconocimiento que de ninguna manera lograrían presentándose por mujeres.




A partir de mediados del siglo XX el número de mujeres que estudiaban Medicina y se especializaban en cirugía fue creciendo progresivamente hasta conseguir equipararse e incluso a superar al número de hombres hoy en día.

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