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Proctólogo, qué es, especialidades y cirugías que realiza

¿Qué es la proctología?

La proctología es una subespecialidad de la cirugía general que se encarga de las enfermedades del recto y de la región anal en general. La proctología se encarga del diagnóstico de estas enfermedades y patologías y de su tratamiento, que puede ser conservador o quirúrgico dependiendo de cada caso concreto en cada paciente específico.

Las enfermedades más frecuentes de las que se encarga la proctología son: hemorroides, fisuras anales, fístulas anales, , abscesos rectales, estreñimiento,  incontinencia fecal, , condilomas, prolapso de recto, entre otras .

proctólogo




Es importante mencionar que en España la proctología no se considera una especialidad quirúrgica, sino que depende directamente de la Asociación Española de Cirugía, considerándose una rama de la cirugía general, por lo que puede ejercerla un cirujano general especializado en el aparato digestivo.

Lo ideal sería que de la proctología se encargaran los proctólogos especializados, ya que cuentan con mayor información de estas zonas que un cirujano del aparato digestivo común.

¿Quién es el proctólogo?

Es un médico cirujano especialista en el aparato digestivo, que a su vez se ha especializado en la región anal y perianal, y en sus patologías y tratamientos. Si también se especializa en las enfermedades del colon y de recto lo llamamos coloproctólogo.

Habitualmente, los pacientes que acuden al proctólogo acuden ya en estadios muy avanzados de sus enfermedades y patologías, y esto es un problema.

Cuanto menos avanzada esté la enfermedad, más fácil y rápido será su tratamiento, por eso es muy recomendable acudir al proctólogo lo antes posible y no intentar aguantar con las molestias que se tengan.

Siempre hay que tener en cuenta que un proctólogo es un especialista en las enfermedades de la región anal y al día atiende a muchas personas con diversas patologías, por lo que no se debe tener miedo o vergüenza a acudir a él.

El proctólogo puede proporcionarnos tratamientos quirúrgicos o no quirúrgicos en función de lo avanzada que esté la patología y del tipo que esta sea.

proctólogo operando

¿Qué pruebas médicas suelen realizar los proctólogos?

Algunas de las pruebas más comunes que realizan los proctólogos a la hora de evaluar y diagnosticar las enfermedades de sus pacientes son:




  • Colonoscopia: se introduce un colonoscopio (un tubo flexible con una cámara) por la cavidad anal recorriendo todo el colon. El médico, mediante un monitor, puede observar el interior del paciente para detectar posibles problemas y poder darles un tratamiento.
  • Rectoscopia: el instrumental y la técnica son los mismos que en la colonoscopia, pero en este caso solo se examina el recto (la primera porción del interior al entrar por el ano).
  • Manometría anorrectal: consiste en la inserción de una sonda de plástico flexible en el ano. La sonda cuenta con un globo de látex en la punta que se introduce dentro del cuerpo.
  • Defecografía: para realizarla se introduce por la cavidad anal un medio de contraste de bario y se le solicita al paciente que que defeque en un inodoro. De esta manera se pueden detectar los movimientos del organismo durante la defecación, así como cualquier anormalidad en el acto de defecar.

Se trata de pruebas indoloras que pueden ayudarnos a detectar enfermedades que perjudiquen mucho el estado de salud y la calidad de vida de los pacientes.

Es necesario realizar todas las pruebas diagnósticas que se precisen, ya que es vital conocer cuál es la patología o enfermedad que sufre el paciente para poder dar con el tratamiento más acertado posible.

Las intervenciones quirúrgicas más comunes que realiza un proctólogo son: hemorroidectomías, fisurectomías y tratamiento de fisuras anales, esfinterotomías, esfinteroplastias y tratamiento de fístulas anales, tratamiento quirúrgico del prolapso rectal, tratamiento quirúrgico de la incontinencia fecal, etc.




Es muy difícil saber qué tipo de intervenciones requiere cada paciente si no se conocen las características de su patología o enfermedad, por este motivo el diagnóstico resulta esencial.

Imagen creative commons Flickr

Imagen cedida vía Operarme.es

miedo a operarse

Miedo a operarse

Cuando uno tiene que someterse a una operación quirúrgica, suele demorarlo el máximo posible a pesar de las molestias que le suponga la afección que sufra. A no ser que se trate de una operación de urgencia, la gente aguanta el dolor, las molestias y el bajo nivel de calidad de vida hasta que no puede más, siendo esto en ocasiones peor, ya que la afección empeora y entonces es más difícil de sanar.

Existen diferentes razones por las que la gente no quiere someterse a un proceso quirúrgico por miedo a operarse, prefiriendo aguantarse el dolor y esperar hasta que sea totalmente imprescindible. Entre ellas encontramos las siguientes:

  • Miedo a la anestesia. El miedo a no volver a despertarse o a despertarse en medio de la operación, es poco necesario así como poco probable que ocurra. Los porcentajes de personas que sufren este tipo de “accidentes” es bajísimo, siendo la causa en el primero errores en la historia clínica del paciente, cosa poco probable, y en el segundo caso bastante improbable despertarse en medio de la cirugía. Incluso, en ocasiones, hay gente que se despierta, pero no puede moverse ni sentir, simplemente puede observar como si de un sueño se tratase, pero repetimos, que esto ocurre en un bajísimo porcentaje, teniendo en cuenta la cantidad de operaciones que se hacen a diario en el mundo.
  • Miedo a ser abiertos. Es cierto que algunas operaciones requieren cirugía abierta, pero cada vez menos. En ocasiones tan solo se recurre a la cirugía abierta por problemas de salud del paciente como la obesidad, la diabetes, en personas que han sufrido una cirugía abierta anteriormente o de avanzada edad. Hoy en día se están abriendo paso a pasos agigantados técnicas operatorias como la artroscopia o la laparoscopia, las llamadas “técnicas de invasión mínima”, que consisten en realizar complejas operaciones realizando tan solo 3 o 4 pequeños cortes en la zona a tratar por donde insertan una cámara y el instrumental. Este tipo de cirugías son igual de efectivas con el aliciente de que la recuperación es muchísimo más rápida.
  • Miedo a quedar peor. Es verdad que en ocasiones existen operaciones delicadas que pueden acabar suponiendo un mal mayor o al menos diferente. Pero como venimos diciendo, esto es tan solo en muy contadas ocasiones. La mayoría de operaciones, a pesar de su dificultad, son muy usuales y las posibilidades de quedar peor son enormemente más bajas de las de arreglar el problema y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente.

Estas son solo tres de todas las razones y excusas que las personas solemos utilizar para postergar las operaciones, pero cada persona puede, además, tener las suyas propias. Si realmente uno quiere evitar sufrir estos supuestos “problemas” que pueden producirse en una operación, lo más importante es contar con un cirujano experimentado y de calidad, ya que como en cualquier ámbito de la vida, son las personas las que marcan la diferencia. Antes de operarse debe consultar quién va a ser la persona que le opere, donde estudió, su experiencia, sus capacidades y especialidades, e incluso conocerle personalmente y pedir referencias. Esta es la mejor forma de tranquilizarse y confiar en que su vida mejorará considerablemente tras la operación.

Foto: Flickr bajo licencia C.C.