miedo a operarse

Miedo a operarse

Cuando uno tiene que someterse a una operación quirúrgica, suele demorarlo el máximo posible a pesar de las molestias que le suponga la afección que sufra. A no ser que se trate de una operación de urgencia, la gente aguanta el dolor, las molestias y el bajo nivel de calidad de vida hasta que no puede más, siendo esto en ocasiones peor, ya que la afección empeora y entonces es más difícil de sanar.

Existen diferentes razones por las que la gente no quiere someterse a un proceso quirúrgico por miedo a operarse, prefiriendo aguantarse el dolor y esperar hasta que sea totalmente imprescindible. Entre ellas encontramos las siguientes:

  • Miedo a la anestesia. El miedo a no volver a despertarse o a despertarse en medio de la operación, es poco necesario así como poco probable que ocurra. Los porcentajes de personas que sufren este tipo de “accidentes” es bajísimo, siendo la causa en el primero errores en la historia clínica del paciente, cosa poco probable, y en el segundo caso bastante improbable despertarse en medio de la cirugía. Incluso, en ocasiones, hay gente que se despierta, pero no puede moverse ni sentir, simplemente puede observar como si de un sueño se tratase, pero repetimos, que esto ocurre en un bajísimo porcentaje, teniendo en cuenta la cantidad de operaciones que se hacen a diario en el mundo.
  • Miedo a ser abiertos. Es cierto que algunas operaciones requieren cirugía abierta, pero cada vez menos. En ocasiones tan solo se recurre a la cirugía abierta por problemas de salud del paciente como la obesidad, la diabetes, en personas que han sufrido una cirugía abierta anteriormente o de avanzada edad. Hoy en día se están abriendo paso a pasos agigantados técnicas operatorias como la artroscopia o la laparoscopia, las llamadas “técnicas de invasión mínima”, que consisten en realizar complejas operaciones realizando tan solo 3 o 4 pequeños cortes en la zona a tratar por donde insertan una cámara y el instrumental. Este tipo de cirugías son igual de efectivas con el aliciente de que la recuperación es muchísimo más rápida.
  • Miedo a quedar peor. Es verdad que en ocasiones existen operaciones delicadas que pueden acabar suponiendo un mal mayor o al menos diferente. Pero como venimos diciendo, esto es tan solo en muy contadas ocasiones. La mayoría de operaciones, a pesar de su dificultad, son muy usuales y las posibilidades de quedar peor son enormemente más bajas de las de arreglar el problema y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente.

Estas son solo tres de todas las razones y excusas que las personas solemos utilizar para postergar las operaciones, pero cada persona puede, además, tener las suyas propias. Si realmente uno quiere evitar sufrir estos supuestos “problemas” que pueden producirse en una operación, lo más importante es contar con un cirujano experimentado y de calidad, ya que como en cualquier ámbito de la vida, son las personas las que marcan la diferencia. Antes de operarse debe consultar quién va a ser la persona que le opere, donde estudió, su experiencia, sus capacidades y especialidades, e incluso conocerle personalmente y pedir referencias. Esta es la mejor forma de tranquilizarse y confiar en que su vida mejorará considerablemente tras la operación.

Foto: Flickr bajo licencia C.C.

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